Such a sour girl

Pura dualidad, el cuerpo, en Buenos Aires... la mente, en Chipre.

lunes, 8 de octubre de 2007

Denn du bist was du isst (Historia)

Esta historia es de pura y exclusiva autoria mia, ay que ver que onda con los profes a ver si logro ganar algo en el chotoconcurso literario.


Alterada por mi estado de ánimo me escabullo en lo profundo de las sombras de la pálida habitación en la cual reposaban esos malditos recuerdos. La tragedia de una guerra que me provoca llegar al punto de comerme a mí misma. Yo no conocía esa yo, esa forma alterada de mi personalidad que me llevo hasta acá, sin nadie que me recuerde cuál era el camino correcto. La simple excusa de “es mi vida, puedo sola” me llevo hasta esta instancia, sólo me queda vivirla. Sí, resignarme a estas 4 rejas que rodean las 4 malditas paredes que encierran mi presente. Era una chica sana, tenía una vida feliz, una familia que aparentaba ser normal y ellos me lo quitaron todo. En mi niñez vivía en una pequeña casa en Varsovia, Polonia. No era una gran mansión, sino que era un humilde hogar donde solo habitaba el cariño, tenía dos hermanas, y dos hermanos, los cuatro mayores que yo. Luego de ser atormentados por la horrible noticia de la matanza de compatriotas por parte del ejército nazi, decidimos mudarnos al ghetto con los demás judíos. Nos protegíamos mutuamente y hasta a veces dormíamos tres familias juntas, ya que nos daba mayor seguridad.

Pasaban los días y los alemanes ya llevaban millones de vidas arruinadas en su haber. Los campos de concentración ya eran demasiados y no alcanzaban los números para expresar la cantidad de vidas perdidas diariamente en esos horribles lugares. Tras su llegada a una ciudad cercana a Varsovia, nos vimos obligados (por mi padre) a que unos amigos de él nos dejen pasar unas semanas en su casa, por lo menos hasta que los nazis abandonen la ciudad, lo malo es que si encontraban a alguien que nos ayude a nosotros, los judíos, podían ir presos hasta con pena de muerte y no queríamos causarles problemas. Sólo buscábamos poder sobrevivir a esta masacre. Los amigos de mi padre aceptaron, y allí fuimos, unas pocas valijas con comida y ropa y el poco dinero que nos quedaba. Al pasar una semana sin noticias de los nazis un vecino se aproximó al departamento a decirnos que los nazis estaban llegando y hacían controles a todo aquel que paseara, para que los judíos que no estuvieran en el ghetto reciban alguna especie de condena. Muy bien escondidos pasamos sin problemas la primera inspección, tras esa victoria pensábamos que sería fácil burlar a otro montón de soldados. La segunda vez confiados no todo salió como esperábamos, ni bien descubrieron a uno de mis hermanos, lo llevaron preso a él y a la pareja que nos hospedaba. Al oír que alguien lloraba revisaron la habitación y encontraron a mis padres, quienes también fueron presos, solo quedábamos mis hermanas, mi hermano y yo. Ni bien abandonaron el edificio nos echamos a llorar los cuatro, no sabíamos que sería de ellos hasta dentro de los tres meses siguientes, que fue el tiempo que tardamos en descubrir que nuestro hermano y los amigos de mi padre estaban presos en Munich y mis padres ahora estaban muertos luego de pasar un mes presos en Herzogenaurach. Nos quedamos en el departamento un tiempo hasta que decidimos mudarnos al ghetto con nuestros antiguos vecinos, la calle no era lo mismo que la última vez que la vimos; era un caos, gente muriendo de hambre, ancianos peleando por un pequeño plato de comida, escombros, cuerpos sin vida y muchísimo dolor. La falta de adjetivos para describir eso era inevitable. Era algo horrible, era superior a lo inhumano. Escondiéndonos entre los hombres y escombros logramos llegar hasta el ghetto, donde buscamos algún rostro conocido, sin resultado alguno. Luego de tanto buscar encontramos a la hermana de una amiga mía, se encontraba sola pero aún tenía la casa, y nos invitó a quedarnos, era una situación desesperante. Nos contó la realidad del ghetto y que aún así, si los nazis querían, podían matarte, vivas en el ghetto o no, era su elección, si eras menor, mayor, si estabas embarazada o a punto de casarte no importaba, pues prácticamente carecíamos de derechos.

Eran alrededor de las cinco de la tarde, estaba sola en la casa, el resto había ido a conseguir comida y fue entonces que entraron a la casa, yo con mis pobres sueños de libertad, hacía lo que podía para mantenerme en pié y sin piedad me tomaron bruscamente de una mano y me llevaron a una cárcel, donde hasta hoy paso mis días. Mi compañera de celda busca suicidarse desde que llegó, tengo que soportar a un alemán que me enjuaga en saliva cuando habla y tengo que cumplir con las órdenes que este da a diario. Me he enfrentado a la corte durante un juicio, y estos sin piedad hacia mi corta edad me han sentenciado a un tiempo indeterminado en prisión. Me estoy consumiendo, no sé que hacer, esta habitación rosa pálido esta terminando con mi vida, con mis sueños, con mi dignidad. Estoy dejando de creer en el destino, estoy dejando de creer que voy a salir con vida, estoy terminantemente destinada a morirme tanto físicamente como psicológicamente. De a poco me estoy desapareciendo, estoy perdiendo mi identidad, me estoy comiendo a mí misma.


. V i C k Y .

"I wish you were here"

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